Bioéticas. Guía internacional de la Bioética

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Integridad

Juan Carlos Tealdi (Director), Diccionario latinoamericano de bioética. Unesco-Universidad Nacional de Colombia, Bogotá 2008, páginas 333-347

Viernes 24 de octubre de 2008, por Bioéticas. Guía internacional de la Bioética

Una de las cuestiones que una bioética crítica debe señalar es la limitación conceptual angloamericana introducida en bioética con el concepto (convertido en principio ético) de «no maleficencia».

Juan Carlos Tealdi (Director), Diccionario latinoamericano de bioética. Unesco-Universidad Nacional de Colombia, Bogotá 2008, páginas 333-347 Una de las cuestiones que una bioética crítica debe señalar es la limitación conceptual angloamericana introducida en bioética con el concepto (convertido en principio ético) de «no maleficencia». El mismo está impregnado de connotaciones biomédicas que excluyen, entre otros, supuestos psicosociales, culturales, económicos y ambientales. Así como el concepto de libertad (v.) tiene mayor amplitud que el de autonomía, de igual modo si sostenemos la expresión «respeta la integridad» podrá decirse que expresamos más ampliamente un imperativo moral que determina la voluntad, y que este imperativo puede enunciarse en términos de «no hacer daño», o como se ha repetido incansablemente, del primum non nocere hipocrático. De hecho, la integridad ha sido asociada a la protección corporal ante el daño de terceros como en el artículo 5 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) al decir «Nadie será sometido a torturas ni apenas o tratos crueles, inhumanos o degradantes», y en el artículo 7 del Pacto internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966) al decir «Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. En particular, nadie será sometido sin su libre consentimiento a experimentos médicos o científicos». Pero ya la Convención Americana sobre Derechos Humanos (1969) adopta una visión que amplía las anteriores al precisar en su artículo 5 titulado «Derecho a la integridad Personal»: «1. Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral». Del mismo modo que el hablar de salud (v. Salud y enfermedad) en un sentido integral (v.) nos conduce a una práctica muy diferente que la concepción de salud en términos estrictamente físicos, o anatomoclínicos, o de «normalidad» (v. Lo normal y lo patológico); el hablar de respeto de la integridad nos conduce a una práctica —y por consiguiente a una ética— mucho más amplia que la que nos habla de respeto del principio de no maleficencia. Si la identidad personal podría ser enunciada en último término como «el ser que donde me piensan soy», la integridad personal puede ser enunciada a su vez como la de «el ser que donde me pienso sigo siendo». Así, la integridad alude por un lado a aquel subconjunto de la identidad —física, psíquica y moral— que la voluntad afirma en el tiempo, pero a la vez la integridad alude a aquel subconjunto de la identidad —física, psíquica y moral— que la voluntad cambia en el tiempo. Esta dialéctica entre identidad, integridad y libertad (voluntad) nos conduce a una ética más compleja que la de una confusa y oscura ingeniería moral de obligaciones «prima facie».

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Índice de esta parte

Integridad 333

Derecho a la integridad, Alfredo Kraut (Argentina) 334

Tortura y tratos inhumanos, Juan Carlos Tealdi (Argentina) 337

Vulnerabilidad y protección, Miguel Kottow (Chile) 340

Integridad comunitaria, Antonio José Sánchez Murillo (Colombia) 342

Epidemiología y vulnerabilidad social, Zulma Ortiz (Argentina) 343

la sociedad del riesgo, Cristina Ambrosini (Argentina) 344

Principio de precaución, Roberto Andorno (Argentina) 345


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