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Sobre la forzosidad

Elmundo.com (Colombia), 07-12-2010

Martes 7 de diciembre de 2010, por Bioéticas. Guía internacional de la Bioética

Si se consulta un diccionario convencional, la búsqueda del término “forzosidad” quizás no sea exitosa; inicialmente parece tratarse de una palabra que intenta abarcar un significado algo “forzado”. Pero el término tiene una gran importancia para la bioética actual. Laín Entralgo lo relaciona con el concepto griego de la physei anánke: forzosidad invencible de la naturaleza. En los tratados hipocráticos, entre muchas otras afirmaciones de permanente vigencia, aparece el “abstenerse de lo imposible” y el compromiso del médico con el conocimiento de los márgenes de su actuar ante la realidad de los límites naturales de la existencia.

Carlos Alberto Gomez Fajardo

Si se consulta un diccionario convencional, la búsqueda del término “forzosidad” quizás no sea exitosa; inicialmente parece tratarse de una palabra que intenta abarcar un significado algo “forzado”. Pero el término tiene una gran importancia para la bioética actual. Laín Entralgo lo relaciona con el concepto griego de la physei anánke: forzosidad invencible de la naturaleza. En los tratados hipocráticos, entre muchas otras afirmaciones de permanente vigencia, aparece el “abstenerse de lo imposible” y el compromiso del médico con el conocimiento de los márgenes de su actuar ante la realidad de los límites naturales de la existencia.

La proporcionalidad terapéutica se relaciona con la justa apreciación de las situaciones clínicas que acontecen individualmente, con todas sus variantes y matices. Esto tiene una especial importancia en medio de una progresiva especialización y complejidad de las áreas del quehacer técnico de la medicina. Casi al azar, como ejemplo cada vez más frecuente, puede citarse este hecho: no es raro encontrar en los ámbitos hospitalarios enfermos que son de modo simultáneo vistos por equipos pertenecientes a seis o más especialidades. Es obvio que esto representa beneficios; también representa para el enfermo riesgos y dificultades que pueden tener un efecto sumatorio a las propias de su condición o condiciones patológicas. En sistemas de alta complejidad puede ocultarse el horizonte personal del enfermo pues son muchos los elementos de distracción –ruidos- que dificultan su afrontamiento humanizado y total por parte de sus médicos tratantes. Aparecen los hechos, muy conocidos, de la futilidad, del ensañamiento terapéutico, de la prolongación obstinada de tratamientos poco eficaces, y de la vertiginosa espiral de costos y tecnología en que nos involucramos. Muy especialmente, esto toca a la atención de los pacientes en las fases finales de su existencia.

Con poderosas razones, se ha acudido a la importante idea de la diferenciación entre medios proporcionados y medios desproporcionados. No es lícito racionalmente que la atención se desborde hasta superar el tenue umbral de “hacer todo sin importar el costo”. Hay situaciones no sólo de inutilidad práctica, sino también, de falta de claridad clínica en el uso de la tecnología. Por ello el razonamiento clínico genuino, desde la perspectiva de la proporcionalidad, mantiene en el escenario de las decisiones una constante atención a múltiples variables y criterios: valoración de los medios tecnológicos usados, análisis de riesgos y beneficios, aspectos económicos y sociológicos en torno a la atención del enfermo y la totalidad de sus condiciones, los resultados previsibles de las intervenciones. Todo ello hace parte del buen criterio e idoneidad profesional de los equipos de terapeutas, quienes idealmente, deben estar en un constante diálogo y revaloración de la situación.

Es claro, por ejemplo, que medidas como analgesia, alimentación, hidratación, aseo, acompañamiento físico, son partes básicas de cuidados proporcionados, que debieran estar al alcance de todos. Es claro también que la tecnología “pesada”: tratamientos de alto costo en fase experimental, técnicas quirúrgicas novedosas, monitorización de alto nivel de complejidad, pueden también en ocasiones ser parte de la atención proporcionada al enfermo. Pero hay un principio racional básico: no es prudente olvidar que no todo lo que se puede hacer se debe hacer.

El acto médico, además de acto tecnológico, es encuentro personal, es una forma concreta de relación entre seres humanos –el ser humano se relaciona y encuentra en medio de otros seres humanos- y este encuentro también exige racionalmente la aceptación de la “forzosidad de la naturaleza” y de la realidad humana de la muerte como límite natural.


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