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Algunas diferencias entre valor y virtud

Diario de Los Andes (Venezuela), 29-06-2010

Martes 29 de junio de 2010, por Bioéticas. Guía internacional de la Bioética

El tópico lo he tratado con mis estudiantes de pre y postgrado del NURR. La idea es distinguir ambos términos desde la Bioética. En general, es común oír a personas hablar de valores, de ética, de moral como si esos términos estuviesen en un mismo plano epistemológico.

escrito por Camilo Perdomo

martes, 29 de junio de 2010

El tópico lo he tratado con mis estudiantes de pre y postgrado del NURR. La idea es distinguir ambos términos desde la Bioética. En general, es común oír a personas hablar de valores, de ética, de moral como si esos términos estuviesen en un mismo plano epistemológico. Los locutores son diversos: presidencia de la república, alcaldías, gobernaciones, iglesias, políticos y empresarios. En ellos circulan esas palabras presumiéndole ciertas propiedades curativas y de trascendencia. También se observa una tendencia a banalizar las regulaciones virtuosas. Cierta precisión teórica es perentoria. En efecto, las frases siguientes: "usted no tiene ética," "usted no tiene moral," "los valores se han perdido." "Venezuela necesita valores nuevos," entran en boca de burócratas y conversos, en militantes del fracaso y de ilusionistas profesionales. Algo dice que en valores y virtudes hay un problema de coincidencia y no bastan las buenas intenciones de los locutores de turno invocando terminologías para que tengamos una sociedad diferente a la porquería que tenemos. Ni los valores se enseñan, ni la moral es una economía que se tiene como algo similar a tener un automóvil. La complejidad llegó y los problemas nuestros van más allá de la simple crítica al gobierno de turno. La virtud es anterior al valor, si nos atenemos a los diálogos platónicos dedicados a Sócrates. El valor es, al contrario, un término-fuerza del proyecto filosófico de la modernidad desde el siglo 18 y su pivote básico toca lo económico, lugar donde la lógica del capital y del consumo le dan concreción real. Por supuesto, el valor de un par de zapatos y el de la libertad o la justicia tienen sus diferencias. En el calzado lo define la ley de la oferta y la demanda por mediación de un precio, mientras que la justicia y la libertad pagan un costo que depende de ciertas circunstancias, pero no tienen precio, no se venden. Usted no compra su dignidad, ni su justicia, ni su libertad: las exige y lucha por ellas. Luego en el valor la idea de costo y lógica de transmisión son distintos en relación con el mercado y el consumo. No hay un mercado de moralismos ni de eticologías, pero sí existen prácticas como esa de la corrupción y del tráfico de influencias que se reproducen como valores en una sociedad dominada por la impunidad. También hay la banalización de la dignidad de las personas y calificaciones excluyentes en el mundo de la política: tierrúo, vago, tonto, escuálido, traidor y desgraciado que, dependiendo del locutor (si es desde el poder), pasa a ser algo contrario a la tolerancia. La virtud es, desde los griegos, el bien actuar. De allí que Sócrates se preguntara si ésta podía ser enseñada. Los latinos utilizaron el término areté, traducida como virtus, significando excelencia. De tal manera que un profesor que busca en sus alumnos la excelencia, es virtuoso, lo contrario es vicioso. En el caso de la biotecnología del mundo globalizado, la virtud de un televisor es permitir ver una imagen clara, mientras que la virtud de un medicamento es la curación. En las acciones humanas virtuosas el objetivo es plural y diverso dentro de la supervivencia de la especie buscando una calidad de vida excelente. Ahora bien, nadie nace virtuoso, pues esa es una condición que se adquiere dándole calidad de hábito ("si funciona, no lo cambies") al dato de vida. Por ello la educación, que no es lo mismo que escolarización, tiene como fin básico hacer productos virtuosos. Frente a los códigos del virtuoso actúa la razón, pero cuando ésta se hizo instrumental; es decir que fundó la ética utilitaria: "Todo lo útil me sirve," la virtud devino opaca y por ello se dice que el hombre moderno ha muerto. También sabemos de los límites de la ciencia y la tecnología para garantizar el hombre virtuoso. Hay buenos deseos, pero no corta fuegos. Por eso aún se reproducen bestias hambrientas de poder aplastando cotidianamente cualquier tendencia para una mejor calidad de vida. Una cosa es la virtud y otra lo virtual. La vida que se nos ofrece hoy es básicamente virtual, pero no virtuosa. La diferencia en estos temas es vital tocarla para no hacer más hondo el pozo de la ignorancia de sus locutores. Y en cuanto a los valores, cada sociedad diseña en sus circunstancias los que la ayudan o la destruyen. El caso venezolano es un laboratorio de esa virtualidad.

camise@cantv.net


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